Revista 15 Minutos Perú | Llego tarde a la dieta, pero no a mi amor propio

Llego tarde a la dieta, pero no a mi amor propio

Nuestras columnistas de Mamá Culpable te proponen un verano sin deadlines y metas imposibles. Por el contrario te proponen una vida y un cuerpo con el que estés contenta. Entérate cómo.


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Seguramente una de tus resoluciones de 2016 fue bajar de peso. Y seguramente no la cumpliste. ¿Qué le vas a hacer? No es fácil bajar de peso con poco tiempo para cocinar y criar hijos. Encima, tienes una agitada vida… profesional (porque, si fuera sexual, ya estarías flaca de nuevo).

La verdad es que el peso siempre nos frustra, nos enoja. Probablemente te tuvo de mal humor todo diciembre. Pero yo te voy a lanzar una pregunta: ¿estamos realmente obsesionadas con lucir lindas para caber en el bikini, conquistar el amor de nuestros sueños o, en general, para contentar a los demás?

Si me pongo a pensar en mi época adolescente, en que todo lo que importaba era verse guapa en la ropa de moda, me recuerdo con la boca cosida hasta la garganta. Recuerdo haber comido lechuga y pechuga de pollo por meses. Más adelante, mientras más fue creciendo mi amor propio, menos me preocupé por la dieta.

Hace poco circuló en internet un video de una chica argentina que gritaba a todos los vientos: “¡No llegás, gorda! ¡Ya es verano! ¡Olvidate de la dieta! ¡Comete ese chocolate! Tirá ese shorcito que no te queda desde 1996”. ¿Por qué, amiga? ¿Por qué la obsesión por la delgadez? Y no me vengas con el cuento de “es que quiero estar sana”, porque, seamos sinceras, una cosa es verte sana y otra muy distinta es verte delgada hasta los huesos.

Te propongo algo: dejémonos de traumas. Hagamos una revolución sin deadlines veraniegos asesinos, con una vida sana y un cuerpo con el que tú estés contenta, no los demás. Enseñemos a nuestros hijos que no por ser mujer te tienes que ver flaca y no por ser hombre te tienen que gustar las flacas; que debes cuidar el cuerpo que habitas y que eso significa comer bien y tener una vida saludable, con o sin rollos, con o sin el trasero levantado, con o sin celulitis.

Digámosle a ese esposo, amante o saliente que nos pregunta: “¿Cuándo te metes al gym?”, “¿Y ese rollito?” o “¿Te vas a comer eso?” que, si quiere un cuerpo perfecto con cero grasa, pues mejor que se compre un maniquí, que hace tiempo que aprendimos a querernos como somos y que no dejaremos de hacerlo. Y si no le gusta… ¡que pegue la vuelta!

 

 

15 MINUTOS

Por Mamá Culpable

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