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COLÓCALAS FRENTE A TI. Acerca el frutero de tu cocina a tu lugar de trabajo y compra las frutas que más te gustan, sin importar que sean difíciles de conseguir o que sus precios sean muy elevados. Lo importante es generar el hábito. Una vez que lo hayas adquirido, puedes devolver el frutero a su sitio y probar con frutas más económicas.
CONGÉLALAS. La temperatura fría favorece la textura y el sabor de las frutas. Los plátanos congelados y licuados con vainilla, cacao en polvo o canela pueden ser tan ricos como un milkshake, mientras que cualquier fruta congelada y licuada con yogur y granola puede funcionar como un desayuno extraordinario. Asimismo, las uvas y los frutos rojos son una delicia si se sacan del congelador y se llevan directo a la boca.
INCLÚYELAS EN OTROS PLATOS. Lo admitimos: comer fruta sola puede llegar a ser bastante aburrido. Por ello, una buena forma de incorporarla en tu dieta es añadirla a otros platos, para que la mezcla de texturas, sabores y temperaturas ayude a volver más interesante cada bocado. Chutneys, ensaladas, zoodles (espaguetis vegetales de manzana, pera, melón, piña, etc.), crepes, panqueques, hot cakes… Cualquier de ellos es una excelente alternativa.
RESPETA LA TEMPORADA. La naturaleza tiene sus propias razones para hacer crecer ciertas frutas (y otras no) en cada temporada del año. Contribuye a un consumo responsable y sostenible de frutas y respeta estos ciclos. Tu cuerpo y la madre Tierra te lo agradecerán. Además, las frutas de temporada tienen mejores características; entre ellas, su sabor.
PREPARA SMOOTHIES. Aunque aportan más calorías al cuerpo que si consumimos la fruta tal cual, los smoothies son una opción muy práctica y rápida si tu objetivo es empujarte una porción de fruta cada mañana y no pensártelo demasiado. Tómatelos como un jugo o, si quedan demasiado espesos, mézclalos con tus cereales o con granola, y cómetelos a cucharadas.

MÁS FRUTA EN TU VIDA

COLÓCALAS FRENTE A TI. Acerca el frutero de tu cocina a tu lugar de trabajo y compra las frutas que más te gustan, sin importar que sean difíciles de conseguir o que sus precios sean muy elevados. Lo importante es generar el hábito. Una vez que lo hayas adquirido, puedes devolver el frutero a su sitio y probar con frutas más económicas.

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CONGÉLALAS. La temperatura fría favorece la textura y el sabor de las frutas. Los plátanos congelados y licuados con vainilla, cacao en polvo o canela pueden ser tan ricos como un milkshake, mientras que cualquier fruta congelada y licuada con yogur y granola puede funcionar como un desayuno extraordinario. Asimismo, las uvas y los frutos rojos son una delicia si se sacan del congelador y se llevan directo a la boca.

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INCLÚYELAS EN OTROS PLATOS. Lo admitimos: comer fruta sola puede llegar a ser bastante aburrido. Por ello, una buena forma de incorporarla en tu dieta es añadirla a otros platos, para que la mezcla de texturas, sabores y temperaturas ayude a volver más interesante cada bocado. Chutneys, ensaladas, zoodles (espaguetis vegetales de manzana, pera, melón, piña, etc.), crepes, panqueques, hot cakes… Cualquier de ellos es una excelente alternativa.

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RESPETA LA TEMPORADA. La naturaleza tiene sus propias razones para hacer crecer ciertas frutas (y otras no) en cada temporada del año. Contribuye a un consumo responsable y sostenible de frutas y respeta estos ciclos. Tu cuerpo y la madre Tierra te lo agradecerán. Además, las frutas de temporada tienen mejores características; entre ellas, su sabor.

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PREPARA SMOOTHIES. Aunque aportan más calorías al cuerpo que si consumimos la fruta tal cual, los smoothies son una opción muy práctica y rápida si tu objetivo es empujarte una porción de fruta cada mañana y no pensártelo demasiado. Tómatelos como un jugo o, si quedan demasiado espesos, mézclalos con tus cereales o con granola, y cómetelos a cucharadas.